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domingo, 21 de abril de 2013

El ajedrez

Cuando alguien habla de deporte a la gente se le vienen en mente palabras como: movimiento o ejercicio.
Lo que muy pocas personas piensan, es que hay dos tipos de ejercicio: físico y mental. Es este último el que hay que hacer para jugar a un deporte del que llevo enamorado desde hace años; el ajedrez.
El cupable de que me metiera en este deporte, no es nadie más que mi tío, al que se lo agradezco y mucho.
Cuando empiezas, como en los demás deportes, tienes muchas ganas, juegas rápido, apenas sin pensar en las jugadas, cometes un error detrás de otro, pero a tu rival por fortuna le lleva el mismo ímpetu que a tí, al final acaba ganando el que menos errores comete. En mi caso, a medida que avanzaba el tiempo, los buenos resultados combinados con las grandes derrotas me iban haciendo entender la magia del ajedrez y sin que yo lo pudiera parar, me iba enganchando más a este deporte.
Sigue avanzando el tiempo y cada vez va quedando menos gente, te das cuenta de que no eres tan bueno como pensabas pero que aun así te resignas a dar una partida por perdida, juegas más lento, el tiempo empieza a ser un problema, tus rivales cometen muy pocos errores y te obligan a cometer todavía menos para ganar, ya no gana el que menos fallos comete, sino el que no comete fallos.
Quizás solo los que llegamos a esta última fase comprendemos del todo la verdadera magia del ajedrez. ¿Qué cual es? Muy fácil. Cuando te sientas en la silla delante del tablero de ajedrez y miras a los ojos a tu rival, comprendes que ya no hay vuelta atrás, una dura batalla mental se va a disputar y tú y solo tú cometerás los fallos que te harán perder o los aciertos que te haran ganar, sin excusas. Por ello cuando pierdes es más duro, pero cuando ganas es una gran recompensa.
En el último torneo que disputé, tras alguna derrota inesperada, me di cuenta de lo duro en cuanto a lo mental que puede llegar a ser este deporte. Pero lejos de desanimarme, me impulsado a seguir mejorando para así poderme sacar la espinita el año que viene.