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miércoles, 30 de julio de 2014

Releer y recordar

Aunque fue hace ya más de un año, aun recuerdo como si fuera ayer cuando empecé a escribir este blog.
Relucen en la inmensidad de mi mente, como pequeños carteles luminosos, los incocentes valores e ideas que me llevaron a escribir este blog. Los valores los conservo, o eso intento, pero las ideas, son tan volátiles... Como único reflejo de ellas: Maldita Dulzura.
De vez en cuando, releo las entradas y sonrío. Leo y me doy cuenta de los errores, pero no las cambio una vez publicadas, pues no busco la perfección, sino la autenticidad en cada una de ellas.
Pero sobre todo me doy cuenta de la ya no tan sutil evolución en mi forma de pensar, de expresarme, de escribir. De las primeras entradas en las que, enfadado con el mundo, escupía sobre él; como si un adolescente y las punzantes palabras que teclea en un ordenador pudieran cambiarlo; a unas entradas menos reivindicativas pero más personales. 
Dos etapas tan necesarias como diferentes, no me decantaría por ninguna, pues siempre puse, pongo y pondré lo que pienso, sin tapujos. Al final eso es lo que cuenta, contar mi verdad, que no tiene porque ser la de nadie más.
Lo leo y me hace preguntarme si me habré vuelto un conformista, aunque no creo que sea así, para nada lo es, el "Diego más revolucionario" sigue ahí, esperando a salir en un momento más útil. No, ahora no voy a empezar con la típica queja de adolescente incomprendido al que nadie escucha, ese no es mi estilo.
Lo leo y recuerdo mis ideas como vampiros que huyen de la luz del día, para refugiarse en la oscuridad de la noche. Allí donde el temido silencio utiliza  sus sucios trucos, convirtiéndose en el más aferrimo aliado de aquellos vampiros que se apoderan de mi cabeza. Pero a mi rescate acuden mis dos mejores aliados: la música y este blog. Pronto los inquietos vampiros son encerrados entre las letras que componen cada texto.
Lo leo y me doy cuenta que mientras que lo hago ya he escrito otra entrada más, que con este último párrafo acaba.

lunes, 14 de abril de 2014

Sin pretexto.


Volver a escribir, ponerme mi musica, y evadirme del mundo. Eso es todo lo que necesito. Pensar que todo va bien y esbozar una sonrisa. Que todo podria ser mejor, quizás, pero no me importa,  ahora toca dejarse llevar. 
Todas mis entradas anteriores empezaron con un porqué. Pero esta es diferente, esta no nace de la razón sino del corazón, con eso no digo que las demás no las hiciera con él, sino que tenían un pretexto. Hoy solo escribo sin pretender llegar a ningún sitio ni sacar ninguna conclusión. Se podría decir, incluso, que lo hago por amor al arte.
Hay gente que para escribir tiene que hacerlo en el más absoluto silencio. Yo necesito música, notas que me inspiren y comprendan mis sentimientos. A algunas personas les da igual la musica, la verdad es que no les comprendo, de hecho no concibo un mundo sin música.
Torturarme con canciones tristes cuando lo estoy o cantar a pleno pulmón mis canciones favoritas, es el resumen de mi vida.
En fin, es la primera vez que escribo sin querer expresar nada en concreto, y tengo que decir que es muy difícil. Escribir dejando de lado la razón, es cuanto menos, una incertidumbre. Pero es curioso, porque es cuando pongo lo que de verdad pienso. Ideas que no tienen ninguna relación aparente, sin embargo, nunca viene mal plasmar mis entrañas para combatir contra este mundo tan superficial.
Empecé esta entrada escribiendo sobre dejarse llevar, y eso es lo que hago ahora, ni más ni menos, llamadme conformista si queréis, pero hay veces, que uno necesita sentir esa falsa felicidad que te proporciona ser arrastrado por la corriente, sin gastar tus energías, sin preocuparte dónde te lleva. Aunque solo sea por coger fuerzas para volver a luchar contra las injusticias de la sociedad. 
No me considero un mentiroso, pero me ha gustado ser, por un momento, totalmente sincero.