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lunes, 17 de junio de 2013

Maldita dulzura

Bueno, aquí estoy otra vez, llevaba mucho tiempo sin escribir, no voy a decir que no tuve tiempo, porque lo tuve, simplemente necesitaba un tiempo para aclarar mis ideas. La verdad es que poco he aclarado, pero no por ello diría que he perdido el tiempo. Y esque lo único que he hecho con ellas es esconder los malos pensamientos en un rincón de mi mente donde me cueste encontrarlos. Como aquel niño al que mandan recoger su habitacion y lo único que hace es esconder la suciedad debajo de su cama aun sabiendo que algún día tendrá que recogerlo. Pues para que sirve el verano sino para descansar. Y esque no sirve para otra cosa que para olvidarnos, del institituto, de los exámenes, incluso de quienes hemos sido todo el año, cambiar de aires, irse al pueblo o a la playa y por unos días ser quien realmente tu quieres ser, sin los tapujos por los que esta sociedad controla nuestras vidas. Conocer gente nueva, algunos serán olvidados tan rápido y otros no podrán ser olvidados. El verano, puede ser tan dulce, pero con el paso de los días ese dulzor de las experiencias se va tiñendo de un sabor amargo, y esque no hay nada más amargo que la realidad. Esa que te va adivirtiendo de que se acaban los días, de que llegan las despedidas, la rutina. Ese amargor viene con una sobredosis de melancolía e incredulidad. Estado en el que me encuentro, si digo la verdad. Mañana se acaba el verano y como de costumbre no he hecho ni la mitad de las cosas que me propuse este verano. Pero bueno, si digo la verdad no me preocupa. Esa melancolía e incredulidad se esfumarán tan rápido que ni me daré cuenta. Y esque me he dado cuenta de una cosa, lo bueno en esta vida es efímero, y eso hace que sea todavía mejor.

                  Maldita dulzura que siempre 
                  nos abandona y bendita 
                  amargura que siempre         
                  vuelve.

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